Hay cosas que existen y que lamentablemente no podemos ignorarlas. Sin embargo, podemos aprender a lidiar con ellas. Siempre y cuando nosotros tengamos las fuerzas y la voluntad de hacerlo.
Porque aunque para muchos los tiempos han cambiado, para mí las convicciones que de niña me enseñaron siguen intactas.
Un canto espiritual que comienza en el momento de cruzar la línea de la vida y el dormir eterno.
He aprendido que hay momentos en los cuales necesito decirme a mí misma lo bien que me siento y lo linda que soy. De la forma como yo me mire cada mañana al espejo, de esa forma me mirarán los demás.
El día 3 de noviembre de 1972, luego de una larga enfermedad (cáncer), a la edad de 35 años, fallece mi amada madre. Y luego de dos años y días, para su cumpleaños, surgió el siguiente poema de amor…
A la edad de 19 años… a dos años del fallecimiento de mi joven madre, surgieron inquietudes que hasta el día de hoy no están del todo resueltas.
Momentáneo, pero armonioso.