Son como las flores de la montaña: adornan el paisaje, se beben el sol de las tardes de verano y sueñan como sueñan las golondrinas de la primavera con el cielo azul que las atrae.
Allá por donde el río
deja sentir su cantar
cuando suele acariciar
a la sierra compañera
y se lleva en su carrera
ramitas de ceibo en flor;
viven y le dan color
a la belleza del lugar
unas niñas que al pasar
hacen juego con el sol.
Las aves del cielo azul
les regalan sus canciones
y los grillos trovadores
de las noches estrelladas
baten coplas con sus alas
hasta quedarse dormidos.
Y las niñas con suspiros
apagan su mirada
para despertar por las mañanas
con la frescura del rocío.
Son sus ojos cristalinos
mezcla de mieles ruanas
y una sonrisa dibujada
con un toque de rubor
hace de su belleza lo mejor
de las flores de montaña.
La primavera puso el sello
y a dos de ellas por placer
les regaló un atardecer
para colorear sus cabellos
La mayor de las niñas
que engalanan mi poesía
tiene tanta simpatía
y tan dulce tono de voz
que Dios le regaló
una mision en esta vida:
una senda compartida
y mil semillas de amor
que van calmando el dolor
de los que no tienen alegría.
Y yo se que a la menor
de las niñas que les cuento
en su piel puso el acento
todo el sol del mediodía
Aunque es joven todavía
florcita de la tierra
la belleza que encierra
asoma y, todo indica,
que será la mas bonita
de las niñas de las sierras.
Aquí termino estos versos
tan viajeros como el viento
que a veces se vuelve lento
para detenerse en los parajes
y acariciar los paisajes
de este suelo cordobés.
Suelo donde encontré
un lugarcito en la vida
para regalarle mis poesías
a las almas que no olvidé.