Aferrada al dolor.
Despierta ya,
las calles se han despejado,
si miras, encogidos los árboles
se marchan,
es tan amargo como tomar un café
y no saborear un cigarrillo,
La despensa repleta de mentiras
enlatadas.
¿Esperaremos una noche más
para acabar con este vino desnudo?
Es paranoico -gritas- apedreando tu soberbia,
no es miedo o valor lo que siento para tomar
los papeles y lanzarme al próximo taxi,
conóceme un poco más,
examínate y encontrarás nuestra ácida costumbre.
LAS DESPEDIDAS SON TRISTES, PERO EL TIEMPO LO ENDULZA CON LOS BUENOS RECUERDOS.
ME GUSTO TU POEMA.
BRAVO.