Mil gracias a la vida.
Mi cuerpo arde de deseo
cuando siento su olor
a hembra.
Mi interior se enciende a rabiar
al ver cómo sus pícaras curvas
lucen tras su vaporoso vestido.
Una mirada, una sonrisa,
un ¿casual? roce
me hacen soñar.
Un baile cómplice,
mi mano en su cintura,
un beso infinito
fueron la sentencia
de lo que habría de pasar.
Dos cuerpos y el amor,
piel con piel,
ritmo desenfrenado,
clímax y desamparo,
locura y ternura,
y al final,
mil gracias a la vida
por hacerme sentir vivo.